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Con coladores o tamices en mano, cientos de voluntarios intentan recuperar millones de pequeñas bolitas de plástico vertidas al mar por un buque de carga en diciembre y que están inundando las playas noroccidentales de España y provocando una tormenta política.


Los “pellets” o pequeñas bolitas blancas, de unos 5 milímetros de diámetro, se amontonan desde hace días en las playas de la región de Galicia desde que cayeran al mar el 8 de diciembre seis contenedores de un barco de bandera de Liberia, que hacía la ruta entre los puertos de Algeciras, en España, y Róterdam, Países Bajos.


Según el gigante danés del transporte marítimo Maersk, propietario de los contenedores, uno de ellos contenía bolsas de gránulos de plástico, usados principalmente para producir botellas.


En Galicia, región que recuerda la marea negra provocada en 2002 por el hundimiento del petrolero Prestige, los voluntarios trabajan desde hace varios días con tamices o coladores para limpiar las playas de los millones de “pellets”.


“Estamos recogiendo los ‘pellets’ con instrumentos de la casa que tenemos nosotros mismos”, explica Adriana Montoto, una farmacéutica de 35 años, que lamenta que sean las “oenegés las que están organizando” la limpieza.


Sonia Iglesias Rey, de 26 años, utiliza una cesta de bambú en la playa de Noia para retirar los “pellets” que flotan en el agua.
Las tareas de limpieza están organizadas por organizaciones como Ecologistas en Acción, que acusan de “inacción” a las autoridades regionales.


Estas últimas anunciaron el lunes la movilización de 200 personas para ayudar a limpiar las playas.

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Los “pellets” “se utilizan para la fabricación de todo tipo de productos, mas su reducido tamaño hace que sea muy complicada su recogida una vez que se mezclan con la arena”, señaló en un comunicado Ecologistas en Acción, que el martes presentó una querella contra la naviera por “delitos contra el ambiente”.


El lunes ya la Fiscalía española había anunciado la apertura de una investigación.


Según una estimación realizada para la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la UE, en 2018, cada año llegan al medio ambiente europeo hasta 167.000 toneladas de estas microperlas de plástico, también llamadas “lágrimas de sirena”.


Las bolitas son ingeridas por los animales marinos, por lo que pueden acabar en la alimentación humana.

AFP